Un despertar sombrío con la mirada inquieta
Espera vacilante del deseo no cumplido
Se mezclan sin permiso tus imágenes en mis actos
Y caen palabras tuyas en un lago vacío.
La desdicha me acecha en espacios de tiempo
Aún cuando para evitarla he llenado mis ausencias
Tan inevitablemente logra alcanzarme siempre,
Envuelta en un manto gris más tus recuerdos.
Quiero volver a la entrega desprejuiciada
Que empañaban nuestras tarde compartidas
Ya no huelo tu presencia ni tu descanso
Que satisfecha velaba en tu compañía.
Esos poderosos y bellos dioses a quienes dedico mis ruegos
Cansados ya se encuentran de oír tu nombre en aquellos
Y sin embargo se niegan a ceder a mis miserables suplicas
Que en otros momentos hubieran surtido efecto.
Acepto con pesar mi castigo
"Algún día...", han dicho
Y cae como hacha en mi alma su determinada condena.
"Basta...", han gritado aún en susurros leves
Y su voz de ángeles cae como trueno en mi desierto.
"Has de aprender...", cantaron las ninfas al anochecer con una lluvia de estrellas.
Mi dolor sube con el humo y se mezcla,
He sabido trasformar mis lágrimas en cenizas de incienso...
Que ese aroma azul vuele lejos es mi mayor deseo
Llegando aunque sea a rozarte, en rocío de mañana, yo espero.
lunes, 16 de abril de 2012
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