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jueves, 29 de diciembre de 2011

COMPAÑIA DE TEATRO INTERIOR


DIRECTOR DE SEGURIDAD.
-Buenas tardes, adelante por favor.
-Bue.. Buenas tardes, Doc.. tora..
-Tome asiento por favor. ¿Desea algo para beber?
-Mmm, no, muchas gracias…
-¿Cómo le va?
-La verdad, con mucho miedo…
¿Por qué?
-Porque Ud escribió los objetivos del 2012… vio… y… y me genera mucha ansiedad, qué se yo…
-Ahá.
Silencio.
-¿Cómo es su nombre?
-Don Alberto, Doctora.
-Ahá.
Lo miré con detenimiento. Es flaco y desgarbado. Tiene una camisa celeste, desprolija, arrugada, salida en parte de un pantalón azul marino, sujeto a duras penas con un cinturón de cuero viejo marrón. Parece alguien que ha sido descuidado por mucho tiempo. Siento un leve cosquilleo de culpa. Debí haber charlado con éste hombre hace mucho tiempo.
-¿Por qué cree que le genera tanta ansiedad el planteamiento de objetivos?
-Y bueno… yo le explico, Doctora. Como Ud sabe, mi trabajo es activar el Sistema de Alarmas cuando algún evento es potencialmente peligroso para la Unidad.
-Perfecto. Veo que conoce muy bien sus funciones.
-Así es, Doctora. Pero ando muy confundido… y no creo que esté cumpliendo con eficiencia mis tareas, y eso corroe mi autoestima y me genera muchísima ansiedad, porque no me gusta hacer mal mi trabajo.
-Ahá. Explíquese un poco mejor, por favor.
-Es así, Doctora. En el último terremoto de Octubre del 2010, los circuitos del Sistema de Alarmas, que ya estaban bastante viejos y descuidados, se terminaron de dañar, y el Sistema de Valoración del Índice de Peligrosidad de Eventos (SIVIPE) se desvirtuó por completo. Traté de hacer un arreglo medio casero con los elementos disponibles en ese momento de crisis, y realmente lo logré, pero la especificidad del sistema no ha vuelto a ser la misma. Esto ha derivado en la situación actual: a veces se activan alarmas intensas ante situaciones de peligrosidad mínima.
-Entiendo. Lo explica Ud muy bien, veo que conoce muy bien el tema.
-Claro que sí, Doctora. Este es mi trabajo y a esto me dedico todos los días. Lamentablemente y debido a lo ocupada que Ud se encontraba con otros problemas que requerían su atención inmediata, no he podido encontrar el tiempo para charlar ésta cuestión con Ud.
Lentamente, y a medida que iba hablando, ésta personita que me impresionó en primer momento temerosa y hasta pusilánime, se me fue apareciendo como un profesional enterado y predispuesto, que podría ser de enorme ayuda en la reestructuración de la Compañía.
-Perfectamente expuesto. ¿Qué sugiere Ud, Don Alberto, para reparar ésta situación?
-Bien, Doctora, esto no va a ser fácil, y probablemente vaya a llevar un tiempo. Pero necesitaría mayor presupuesto mental para el Servicio, es decir, tiempo de su atención, para pulir nuevamente los circuitos y engranajes del sistema de emergencia. Es decir, requeriría su atención oportuna ante la activación de alarmas, para corregir en el momento y de manera sistemática, posibles errores de gradación de severidad de eventos.
-Bien, entiendo. Obtendrá lo que necesita. ¿Alguna otra solicitud que tenga en mente?
-Yo creo que con eso para empezar, es más que suficiente. De a poco se irán aceitando los circuitos, es cuestión de paciencia y tiempo.
-Excelente.
-¿Podría escribir un pequeño informe con éstos datos, y algunas definiciones más precisas de sus necesidades?
-Sin ningún problema, Doctora. El lunes estará el informe en su despacho.
-Perfecto.
Se hizo un silencio. Ambos nos sentimos satisfechos con la reunión. Se respiraba aire de conciliación y éxito. Se renovaron las energías y surgieron nuevas esperanzas.
-Bueno, Don Alberto, para finalizar entonces, querría decir algunas palabras. En primer lugar, mis disculpas por haber descuidado el Servicio éste tiempo, fueron épocas difíciles, bien lo sabe Ud… Mi intención es poner la Compañía a punto nuevamente, trabajando todos juntos, mano a mano, con paciencia y colaboración…
-Claro, Doctora, no tiene que decirlo, todos sabemos los difíciles momentos que ha pasado la Compañía, y comprendemos que Ud como Gerente General debió priorizar algunas cuestiones…
-Exactamente, ¡a veces se trata de supervivencia pura!
Risas.
-Igual creo que le debo mis disculpas, y agradezco su comprensión. En segundo lugar, quiero felicitarlo por su presentación del conflicto y su conocimiento del Servicio. Sus opiniones y aportes serán tenidos en cuenta como es debido para un especialista en la materia como lo es Ud.
-Muchas gracias, Doctora.
-En tercer lugar, quiero asegurarle mi entero apoyo, y el de toda la Comisión Directiva, para poner especial énfasis y atención en el Sistema de Alarmas, con el objeto de dar pronta mejoría a la situación que nos aqueja.
-Será bienvenido.
-Y en último lugar, querría darle en éste momento un incentivo monetario, para que compre uniformes nuevos para Ud y su personal a cargo, y por supuesto para comprar utensilios necesarios en el día a día de su labor, y en pro de embellecer su lugar de trabajo. Sabe Ud, que yo doy especial apoyo a la estética de los ambientes, ya que tengo la firme creencia que influye en los humores de la gente que trabaja inmersa en ellos.
-Coincido con Ud en eso, Doctora. Y le agradezco su preocupación en esos temas que otras personas podrían creen mundanos, pero no lo son para mí, y tenga por seguro que tampoco lo son para mi gente.
-Bueno, Don Alberto, le agradezco muchísimo su tiempo, y si le parece, doy por concluido este encuentro. Me siento muy conforme con nuestra reunión, la considero un éxito, y me despido muy feliz, esperando que me acompañe en el sentimiento.
-Muy conforme y muy feliz, Doctora.
Nos pusimos de pie, y nos dimos la mano, esbozando una sonrisa sincera y relajada.
Después de que Don Alberto se marchó, cerré el telón y me tiré en mi diván capitoné, dispuesta a relajarme, felicitándome por el feliz encuentro.