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sábado, 15 de diciembre de 2012

Mujeres de Pelo Rapado

Así habló Mery Rock:
Siempre miré con curiosidad a las chicas que se cortaban el pelo bien cortito, al ras, rapado. Me llamaban la atención, pero lejos de parecerme feo, me parecían hermosas, con la cara limpia, relucientes. Me acuerdo la cantante de Aterciopelados en el Unplugged de Soda. O Sinéad O`Connor! "N oo t h i i in n g  co m p a aa r es to y o o u u". ¡Qué linda!
Bueno, el tema es que me empezó a atraer la idea. Ya se me había ocurrido un par de veces, en ataques de frustración, cortarme todo el pelo violentamente, como si raparme fuera una forma de cortar mis ideas de raíz, arrancar todo lo que no me gusta o gustó, y empezar de cero. Suelo arado, semillas nuevas. Pero nunca lo hice, por atajos de cordura, hasta corralitos de cordura. Pero, ¿por qué hacerlo así, como una locura? Mejor hacerlo como un ataque de lucidez, de liberación, de alegría! Con sol, playa, y tranquilidad. Mucha, mucha tranquilidad. Así que decidí hacerlo. Pero, (y acá toda la liberación se va a la mierda), ¿puedo venir a la guardia de Terapia Intensiva con la cabeza pelada?
Me voy un mes de vacaciones a Brasil. ¿Qué mejor que raparme antes, así cuando vuelvo ya no parezco una paciente neoplásica? Yo no pensaría eso, no no no. Pero así piensan muchos. Como por ejemplo el coordinador de Terapia, Gustavo. Residente de último año, simpaticón, mujeriego y machista. De humor admirable, altamente eficiente. Crítico elocuente, rozando la brillantez. Le decía yo hoy a Lucía, la kinesióloga: "Me voy a rapar". Se lo dije a ella porque la sé una persona capaz de valorar un acto así de desprejuiciado. Obviamente lo dije suficientemente alto como para avivar la frontera de los nervios de Gustavo. Je. El estaba muy concentado escribiendo una epicrisis en la computadora de médicos. Pero su fervor beligerante fue más fuerte que su ferviente concentración, como yo astutamente lo predije. Y suspendiendo toda tarea y movimiento, rotó en seco en la silla giratoria y acusó: "Pará, pará, pará... QUE?". Yo lo miré, con una sonrisa de triunfo y actuando falsa sorpresa. "Me voy a rapar". Lo que sigue en la conversación está lejos de ser interesante, pero lo que sí considero a destacar, es la estupidez de ese prejuicio. ¿Una mujer no puede raparse sin ser puesta bajo sospecha? Miles de elucubraciones ácidas giraban divertidas en mi cerebro mientras recibía gastadas, del coordinador, ahora sumado al Jefe de Terapia, al cual había adopatado como cómplice, tras chismosearle la polémica cual comidilla de paloma sensacionalista. Yo escuchaba chistes fáciles que rayaban la oliofrenia, divirtiéndome al corroborar mis hipótesis de prejuicios machistas básicos. "Un antipsicóticooo por favor", reían como nenes, y alegaban insinuaciones de mi futuro parecido con una paciente que estaba ingresando con Cáncer de Endometrio terminal,  y años de quimioterapia arriba de la cabeza. Comentaban con falsa seriedad: "El ingreso está pelada, no sabemos si por que le gusta o porque tiene cancer", bla bla. Me río y me divierto de poner éstas cuestiones polémicas básicas y altamente simples, en la mesa diaria. ¡Hay que comer polémica! La polémica genera cuestionamientos, los cuestionamientos preguntas, y las preguntas ideas y nuevas respuestas.
Así que, mujer, a vos te digo, rapáte, y desparramá la polémica de tu pelo con cada paso, aunque eso signifique, tirarlo a la basura!
¿Por el pelo de hoy, cuánto gastaste?

lunes, 3 de diciembre de 2012

Reina del Bosque

Abro los ojos. Una ráfaga de luz entra tímidamente por la persiana. Canto de pájaros y sonidos solapados de domingo. El negrito aún duerme, su rostro me recuerda un óleo que me encantaría pintar. Percibo un bosque en mi panza, con mariposas. Busco al blanquito, girando hacia mi izquierda de manera perezosa. Allí está tumbado, inmutable, relajado, moviendo la cola. Mi hermoso blanquito, precioso ser. La mirada más dulce que pueda reconocer. Mi jardín perfumado. Mi alcoba de reina. Y con una sonrisa vuelvo a soñar. Me despierto cada mañana en un palacio sin paredes, en el medio del bosque. Duermo con animales salvajes, peludos y suaves, que me aman y me lamen. Tengo palomas y rosas. Pétalos rosados soy. Piel de naranja mi suelo. Mar a lo lejos. El techo mil estrellas. El viento, húmedo de sal. Me traen ofrendas dulces. Me dan guindas en la boca. Me visten de hojas. Me abrazan entre sábanas. Me lamen los pies. Río sin abrir los ojos. Y al abrirlos, río más.

Dedicado a Blanquito y Negrito. Gracias por hacerme tan feliz.