martes, 10 de abril de 2012
El Señor de las Nieves
¿Qué decir, qué hacer?
Tu frente limpia me atormenta
Siento verguenza de mí, de mis impulsos
Soy yo la que amabas
¿Qué pasó con tus palabras?
Soy un recipiente viejo y gastado
Ya no cae magia desde tu boca
¿Qué pasó con el rocío de miel?
Soy el árbol feo marchito
La sombra sobre el césped
Soy la compañía del lobo
¿Qué pasó con tu amor?
Ya no me reflejo fresca en tus aguas
Solo camino cubriéndome de las nieve
Sin entender, ¿qué paso?
Ya no soy lluvia, soy llanto de laguna
El escenario se ha vuelto un desierto nevado
No me importó verlo, perdida en tu hermosa mirada
Profunda como mi soledad
Y ahora sólo quiero alejarme
De tu oscuridad, de tu sombrío resplandor
De tu dura mirada.
Y le dije:
Tú, Señor de éstas tierras
Déjame ir sin dolor, ten piedad
Yo no soy de aquí, no puedo acompañarte
¿No ves mis pies descalzos?
¿No ves mis labios secos y partidos?
Yo nací en una tierra verde y cálida
Con risas y fiestas y gente aguerrida
¿Donde fue tu pasión? ¿Donde fue la mía?
Tu corazón se ha endurecido con el cielo
Me averguenzo de mi cuando me miras,
Ten piedad de ésta alma vieja y vagabunda
Que solo quiere un lecho para descansar.
O dame la muerte, manda tus armas
¿No ves que carezco de fuerzas?
No soy Ama y Señora como tú
Soy una simple anciana vagabunda y cansada.
Dejadme en mi pasto, en mis cabras
Dejadme en mi llanto vacío, en mi error eterno
Dejadme en mi dolor, soy viuda y huérfana de nacimiento
Todos mis hijos han muerto ya, en otras guerras que no son las mías
¿No ves que soy sólo dolor?
Nunca seré tu bella Reina de las Nieves
Mi caminar es pesumbroso
¿No ves que el tiempo pasa más rápido en mi piel?
No me arrojes a la laguna helada, no merezco morir así
Dejadme marchar, oh!, Mi Señor!
Ya no tolero el frío, mis dedos van a caerse de dolor...
Entonces él, cortó con su mano alzada mi lastimosa palabra
Y me respondió:
¿Por qué ahora dices que no toleras el frío, mujer?
Tu corazón de hechicera siempre ha mentido
Has querido plantar árboles en mi camino
Si calor es lo que tu cuerpo necesita
Morirás como es debido
Por traición es tu merecido
Quemarte viva en la hoguera.
Y esa fue mi cuarta muerte, asesinada por el Señor de las Nieves.
Sólo puedo asegurar una cosa:
Cuando las llamas que consumían mi cuerpo helado
Tocaron mi corazón
Allí también tocaron el corazón de hielo de mi buen Señor
Y este supo derretirse apenas, creando una gota eterna de ardiente dolor.
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