
Los hechos y personajes de la siguiente redacción son ficticios, cualquier similitud con la realidad es pura consecuencia. Ejem, perdón, pura coincidencia.
Así habló el Corazón:
No puedo respirar. Me falta el aire. No quiero respirar, quiero morir. Me aplasta el dolor. Me brotan espinas por los ojos. No voy a poder levantarme, no por unos días. He comenzado el proceso de arrancarte de mí. Sabía que el día iba a llegar. Temía, trataba de ocultar el miedo. Lo racionalicé miles y millones de veces. Pero hoy te fuiste, y ni la fuerza de mil razones puede disminuir un gramo de éste dolor. Me falta un pedazo. Me estoy desangrando. Y sin embargo debo hacerlo, ¡es tan necesario! Sacarte de mi sistema. Sí, como una desintoxicación. Contra todo deseo. El cuerpo se sacude de necesidad. Duelen los huesos. Se anuda el estómago. La sangre se hace más densa, le cuesta circular. Pesan los días….y el aire. Duele respirar…es el saber de no tenerte. En un ataque de desesperación la mente trama una trampa. “¿Me habré equivocado?”. Lo dos sabemos que no, ¿para qué engañarnos? Se entrometen intentos fallidos de modificar la realidad cambiando los pensamientos, pura estupidez humana. Evito caer en la telaraña, y, sin embargo, ¿quién puede juzgar tu amor? Tan lancinante y sincero. Si sólo pecas por omisión. El dolor, cuando se salpica de existencialismo, se transforma en sufrimiento. Un suplicio. Por momentos siento que no lo voy a soportar. Por momentos siento que fue un error, una estupidez, dejarte ir. Quiero llamarte a gritos, para dejar de sangrar. Me duele el alma. Yo soy fuerte, puedo con esto. Pero por fuerte te amo, si sé que es sólo riesgo estar a tu lado. No hay contradicción en eso. La vida es esto. El tiempo nos dirá, amor, la verdad. Pero no dudes, que si algún día el tiempo me regala la respuesta, y me entero que estuve errada, hasta el fin del mundo voy a buscarte. Para tu viaje yo te regalo mi mejor deseo, y por mejor, secreto. No te des vuelta a mirar, sólo cerrá los ojos y recordame. Y vas a poder adivinar, que, con la frente en alto yo digo: “¡Eso quiero!”. Sin miedos yo reclamo: “¡Esto es mío!”. Con el corazón en la mano yo te confieso: “Fui tuya, y vos fuiste mío.”
Así habló la Mente:
Y vos te preguntás: ¿Cómo una mina linda, inteligente y capaz puede perder dos años de su vida con semejante pelotudo? ¿Un ser tan primitivo, carente de cualquier ambición o deseo de superación, un espécimen totalmente abúlico e irrisorio, inmaduro, cobarde e irresoluto, y sumado a todo esto, con una impericia arrasadora en la cama? ¡Un mandria! ¿Cómo? Y sobretodo: ¿por qué? ¿Tan hecha mierda tenés la autoestima? ¿Tan devastadas emocionalmente estamos las mujeres, que aceptamos el amor a cualquier precio, bajo cualquier coste? ¿Tan fuerte reza en nuestro inconciente colectivo el precepto: "No serás solterona"? No puede ser… ¡basta! Lo digo hoy, y lo digo para siempre. Yo, una persona decidida, emprendedora, casi avasallante en mi exigencia, deseosa de aprender siempre algo más, que va al grano, segura, y consigue todo lo que se propone…. ¿cómo yo pude perder dos años de mi valiosa vida junto a semejante mandria? Será buena persona, sí, pero bueno como es un perro, ¿acaso por eso debo aceptar cualquier despalomado? Ni siquiera un caballo, fuerte y veloz. Digamos un perro con matices de mono, esa es mi no tan fiel compañía, ¿tan bajo he caído? Al perro hay que bañarlo, hay que sacarlo a pasear, hay que comprarle chuletas (porque la comida balanceada no le gusta), hay que enseñarle a dar la patita... pero uno soporta esta tarea instructiva cotidiana a expensas de una cuota de cariño, compañía y protección. Pero éste perro ni siquiera era buen compañero (siempre había algo que estaba primero que su dueña), no protegía porque no se daba por enterado de cuando hacerlo, sí debo aceptar que era muy cariñoso, pero ni siquiera buscaba el hueso cuando se lo tirabas (porque se colgaba en el camino fumando un porro)… ¿de que mierda estamos hablando? ¡Basta, yo digo basta! Ni de un amigo soportaría tanta desidia. No quiero un hijo, quiero una pareja. Y “pareja” implica que sea algo de igual a igual, “par”, a la misma altura, al mismo nivel. No la dama y el vagabundo. Eso dejénlo para las películas (en dibujitos animados). Yo me voy de tu lado para siempre, huyo de vos, y de todos los de tu especie. Y a todas mis mujeres les digo, basta de aguantar esos hombres-bebes-monos-perro. ¡Basta! Sos MUJER, y te merecés un HOMBRE.
Así habló el Corazón:
No puedo respirar. Me falta el aire. No quiero respirar, quiero morir. Me aplasta el dolor. Me brotan espinas por los ojos. No voy a poder levantarme, no por unos días. He comenzado el proceso de arrancarte de mí. Sabía que el día iba a llegar. Temía, trataba de ocultar el miedo. Lo racionalicé miles y millones de veces. Pero hoy te fuiste, y ni la fuerza de mil razones puede disminuir un gramo de éste dolor. Me falta un pedazo. Me estoy desangrando. Y sin embargo debo hacerlo, ¡es tan necesario! Sacarte de mi sistema. Sí, como una desintoxicación. Contra todo deseo. El cuerpo se sacude de necesidad. Duelen los huesos. Se anuda el estómago. La sangre se hace más densa, le cuesta circular. Pesan los días….y el aire. Duele respirar…es el saber de no tenerte. En un ataque de desesperación la mente trama una trampa. “¿Me habré equivocado?”. Lo dos sabemos que no, ¿para qué engañarnos? Se entrometen intentos fallidos de modificar la realidad cambiando los pensamientos, pura estupidez humana. Evito caer en la telaraña, y, sin embargo, ¿quién puede juzgar tu amor? Tan lancinante y sincero. Si sólo pecas por omisión. El dolor, cuando se salpica de existencialismo, se transforma en sufrimiento. Un suplicio. Por momentos siento que no lo voy a soportar. Por momentos siento que fue un error, una estupidez, dejarte ir. Quiero llamarte a gritos, para dejar de sangrar. Me duele el alma. Yo soy fuerte, puedo con esto. Pero por fuerte te amo, si sé que es sólo riesgo estar a tu lado. No hay contradicción en eso. La vida es esto. El tiempo nos dirá, amor, la verdad. Pero no dudes, que si algún día el tiempo me regala la respuesta, y me entero que estuve errada, hasta el fin del mundo voy a buscarte. Para tu viaje yo te regalo mi mejor deseo, y por mejor, secreto. No te des vuelta a mirar, sólo cerrá los ojos y recordame. Y vas a poder adivinar, que, con la frente en alto yo digo: “¡Eso quiero!”. Sin miedos yo reclamo: “¡Esto es mío!”. Con el corazón en la mano yo te confieso: “Fui tuya, y vos fuiste mío.”
Así habló la Mente:
Y vos te preguntás: ¿Cómo una mina linda, inteligente y capaz puede perder dos años de su vida con semejante pelotudo? ¿Un ser tan primitivo, carente de cualquier ambición o deseo de superación, un espécimen totalmente abúlico e irrisorio, inmaduro, cobarde e irresoluto, y sumado a todo esto, con una impericia arrasadora en la cama? ¡Un mandria! ¿Cómo? Y sobretodo: ¿por qué? ¿Tan hecha mierda tenés la autoestima? ¿Tan devastadas emocionalmente estamos las mujeres, que aceptamos el amor a cualquier precio, bajo cualquier coste? ¿Tan fuerte reza en nuestro inconciente colectivo el precepto: "No serás solterona"? No puede ser… ¡basta! Lo digo hoy, y lo digo para siempre. Yo, una persona decidida, emprendedora, casi avasallante en mi exigencia, deseosa de aprender siempre algo más, que va al grano, segura, y consigue todo lo que se propone…. ¿cómo yo pude perder dos años de mi valiosa vida junto a semejante mandria? Será buena persona, sí, pero bueno como es un perro, ¿acaso por eso debo aceptar cualquier despalomado? Ni siquiera un caballo, fuerte y veloz. Digamos un perro con matices de mono, esa es mi no tan fiel compañía, ¿tan bajo he caído? Al perro hay que bañarlo, hay que sacarlo a pasear, hay que comprarle chuletas (porque la comida balanceada no le gusta), hay que enseñarle a dar la patita... pero uno soporta esta tarea instructiva cotidiana a expensas de una cuota de cariño, compañía y protección. Pero éste perro ni siquiera era buen compañero (siempre había algo que estaba primero que su dueña), no protegía porque no se daba por enterado de cuando hacerlo, sí debo aceptar que era muy cariñoso, pero ni siquiera buscaba el hueso cuando se lo tirabas (porque se colgaba en el camino fumando un porro)… ¿de que mierda estamos hablando? ¡Basta, yo digo basta! Ni de un amigo soportaría tanta desidia. No quiero un hijo, quiero una pareja. Y “pareja” implica que sea algo de igual a igual, “par”, a la misma altura, al mismo nivel. No la dama y el vagabundo. Eso dejénlo para las películas (en dibujitos animados). Yo me voy de tu lado para siempre, huyo de vos, y de todos los de tu especie. Y a todas mis mujeres les digo, basta de aguantar esos hombres-bebes-monos-perro. ¡Basta! Sos MUJER, y te merecés un HOMBRE.
Corazón vs Mente. Mujer, ¿quién te gana?