
Así habló Mery Rock:
Mis queridos amigos, ustedes que bien me conocen como crítica implacable de la sociedad, saben que en el top ten de mis más odiados personajes machistas no puede faltar el gran piropeador argento. Si existe algo que critico de la sociedad machista argentina es la gran aceptación de la que aún gozan éstos acosadores.
Mis queridos amigos, ustedes que bien me conocen como crítica implacable de la sociedad, saben que en el top ten de mis más odiados personajes machistas no puede faltar el gran piropeador argento. Si existe algo que critico de la sociedad machista argentina es la gran aceptación de la que aún gozan éstos acosadores.
El ser un piropeador elocuente es una virtud muy valorada entre algunos especimenes masculinos. Obviamente es crucial conocer el oficio del macho para determinar el grado de manejo de la prosa piropa. Es ya de popular saber que todo obrero debe gozar de un osado repertorio de piropos y algún que otro sonidillo obsceno para hacer reír a sus compañeros frente a la hembra caminante. ¿Pero qué decir de las profesiones que requieren mayor compostura? ¿Cómo tomar el hecho de que un médico saque la mitad del cuerpo por la ventana de la ambulancia y grite: "Ahhh bueno mamasaaaa, vení que te que te hago un poco de resucitación cardiopulmonarrr"? Me parece que los tipos ya se están yendo un poquito al carajo.
En un país del primer mundo, el piropo se interpreta como un insulto a la mujer. Y así es como yo lo interpreto. A mi me enferma que me digan piropos. Me molesta, me incomoda, me inhibe. ¿Por qué carajo tengo que estar escuchando las boludeces de los demás o preocupándome por la ropa que me pongo, por dónde camino, por si paso o no por un tunelcito de pibes? Si los tipos salen en cuero a la calle cuando tienen calor nadie les dice nada, pero, ¿que pasa si a mí se me ocurre salir en bermuda y bikini? ¡Se pudre! ¿¿Por qué?? "Porque vos sos mujer, y es tu deber adecuar tu vestimenta para evitar provocar a los hombres". ¿¿WHATS?? ¿Por qué? ¡¿¿Acaso son animales brutos y subdesarrollados, permanentemente en celo, incapaces de controlarse??! Bueno… EJEM... ya sabemos que si, pero no es nuestra culpa. Yo no me tiro encima de cualquier pendejo con lomo que pasa por la calle, y les aseguro que ganas no me faltan.
La clásica del pensamiento machista es: "Si no quiere que le digan todo eso, ¿para que sale así vestida a la calle?". ¡Qué expresión tan abrumadora de estupidez! Salgo así a la calle porque se me da la re puta gana, negro hijo de mil puta, o quizá porque tengo calor, o porque soy libre, ¿qué te parece eso? ¿Es suficiente?
Si tuviera que decidir que llega a ser más perturbador, les puedo asegurar que los ruiditos son mucho más molestos que las palabras, por más abusivas que éstas lleguen a ser. El sonidillo que logra enervarme al límite de mi paciencia es: "sssssgggggg", un sonido logrado al aspirar aire por la boca manteniendo un hilo de baba entre los labios. Ese ruidito es capaz de arruinarme un día entero. También me molesta harto el popular "ch ch ch", que cuando te das vuelta a mirar quién te llamó te encontrás con un negro con cara de pelotudo. ¿Y qué decir del popular “tunelcito”? Este es un fenómeno que logré identificar como observadora aguda de la cotidianeidad porteña. Consiste en un comportamiento que supongo será casi instintivo en la vulgar especie masculina. Obsérvenlo, caminen por la calle detrás de una mina que esté buena y van a poder identificar éste ritual 3 o 4 veces por cuadra. El kioskero y uno o dos porteros de edificios aledaños se reúnen en una esquina a hablar de fútbol. Cuando se comienza a divisar en la esquina una mina más o menos buena, paran dos segundos de hablar, y la "scanean" de arriba abajo sin asco. Cuando ya extrajeron la información suficiente, su cerebro aporta un puntaje estimativo, el cual se completará después de ver a la mina de atrás. Reanudan la conversación, pero disponiéndose lentamente en tunelcito, de a pasitos, en un gesto que intenta ser "cortés" pero cuyo único y real objetivo es que la mina pase por el medio y disponer así de la comodidad como para mirarle descaradamente el orto. Después de que la mina pasa, completan el puntaje, el cual comparten mediocremente con sus compañeros entre risitas libidinosas.
El otro día, iba caminando súper apurada llegando tarde a una reunión en la que presentábamos un trabajo de investigación en la Asociación Médica Argentina. Ya antes de salir de casa iba puteando porque tenía que ir bien vestida, de vestido, y eso significa que te tenés que bancar que te digan D-E-T-O-D-O. Y no me pienso pagar un taxi sólo porque los hombres son unos enfermos mentales, así que decidí ir en bondi con mi mejor cara de orto (onda, "jodeme y te encajo un sopapo, pedazo de imbécil") y escuchando música. No va que tengo la mala suerte de que me quedo sin batería del Ipod apenas salgo de casa. "Puta que me parió" pensé, mientras caminaba a toda velocidad hacia la parada. De golpe, sale de la nada un gordo todo sudado y altamente desagradable, me pone la caripela bien adelante de la mía y me larga un vaho caliente y con olor a cenicero en la jeta, musitando un par de palabras obscenas, al tiempo que levantaba una ceja y ponía cara de "travieso" o algo así que no logré adivinar. ¡¡AH NO!! Me despolaricé, sobretodo por que me puso la cara y el cuerpo adelante mío y no podía avanzar, ¡que odio! Entonces, sin más remedio que proceder a evacuar mi ira feminista, me paro en seco, lo miro de frente manteca y le digo: "¡¿Qué carajo te pasa, gordo imbécil?!". No se imaginan la cara que puso, fue mortal. Es como si jamás hubiera esperado una respuesta tan violenta de una mujer, como si careciéramos completamente de esa capacidad en nuestro repertorio de reacciones. JAJAJA Imbécil. Se quedó con cara de bobo asombrado como dos segundos. Lo miré con cara de desprecio, me di vuelta y seguí caminando apurada. Ahí recién reaccionó la mole, y comenzó a gritarme, ofendido profundamente en su orgullo viril: "¡¡Sos una amargada!!" gritaba impotente, "¡¡Vos debés ser una aburrida en la cama!!" seguía aullando incapaz de resolver su deseo insatisfecho. Mi ira se transformó en gracia, y después en la calma embriagadora que deriva de la ira evacuada.
No sé por que se ofenden tanto cuando les respondemos, ¿será que piensan que a nos gusta que nos anden humillando sistemáticamente por la calle? ¿Será que piensan que nos excitan? JAJAJA Primitivos y básicos seres.
Después están los que yo llamo "piropos al revés", que son expresiones de odio ante la belleza de otra persona. Recuerdo una anécdota cómica a éste respecto: volvíamos del gimnasio con mi hermana, tranquilamente charlando y riendo, cuando un ser despreciable que se cruzó con nosotras nos miró de arriba abajo, casi ofendido con la imagen que representábamos y nos escupió éstas palabras en la cara: "Caretas horribles, que gordas y feas que son, al pedo van al gimnasio". Nos miramos sorprendidas ante una demostración tan abierta de odio. Miré al espécimen tratando de identificarlo. Era un chico joven, de bermudas y remera grande, zapatillas, una patineta en la mano, y muchos piercings y tatuajes, inclusive en la cara. Yo amo los tatuajes en los hombres y en alguna otra ocasión le hubiera dicho que me gustaban pero tenía que responder agresivamente y le vomité: "Y vos, hermano, ¿te miraste al espejo? ¡Sos horrible, viejo!", e hice ademán de de señalar su cara marcada. Mi hermana explotó en una carcajada efusiva ante mi respuesta y yo la seguí, así que nos fuimos riéndonos aún más. El guacho se ofendió muchísimo, al punto que nos siguió por la calle como media cuadra insultándonos y sólo logró tentar aún más a nuestra risa. Pobre imbécil resentido.
Y ésta expresión de violencia me trae a la memoria algo que sucedió hace dos o tres meses en un colectivo de la línea 12 de la ciudad de Buenos Aires. Felizmente me subo al bondi por la calle Marcelo T. de Alvear, iba bastante vacío, no recuerdo si era la siesta o un fin de semana. En la siguiente parada de la que yo me subí, sube un grupito de homo sapiens del género masculino, de entre 19 a 21 años calculo yo, pero con una edad mental de 9 y una calentura de 15. Eran como seis, subieron gritando haciendo el barullo típico de una manada de imbéciles de esa edad. Los miré despectivamente mientras se chocaban al caminar como si estuvieran cocidos entre ellos por un hilo transparente de estupidez, riendo con cadencia down y acentuando particularmente (como si fuera algo escandaloso) palabras como "pija" o "concha", acompañando éstas palabras con la típica cara de imbecil que tiene un pendejo que la puso muy pocas veces en su vida, y que el sólo hecho de decir "tetas" le hace cosquillitas en la pija. Yo pensé "cagamos", yo que estaba tan tranquila, pero el recorrido por suerte era corto. Se acomodan escandalosamente en los asientos de atrás, y entre el griterío abren las ventanas y determinan con miradas cómplices el nuevo entretenimiento púber: gritar obscenidades a las minas que pasaban por la calle. "Ahhh buenooo rubiaaa, mi amorrr, vení tocame todoooo". "Qué ortooo que tenés por dioss, uhhhh mirá el ruidito que te hace la concha cuando camináss". Yo me broto, me remuevo en mi asiento, y miro por la ventana identificando a la rubia receptora de tales palabras. Reconocí en ella cara de vergüenza, o de humillación. Los bobos reían en grupete. La secuencia se repite con una morocha acompañada de su hija de 6 o 7 años y un bebé. "Uhhhhh morochiaaaa, que tetasss, estás dando de mamarrr, mamame a miii", observo con odio asesino la cara de impotencia de la mujer y de la nenita, que parecía no entender nada. Mi desprecio aumenta. Todo el bondi escuchaba, muchos hombres y nadie hacía nada. Que se metan con una mujer con un bebé, es algo que me supera. Pero que le digan "gorda" a una mujer, eso, eso ya es una ofensa mayor. Por eso me terminé de brotar cuando se agarraron con una gordita sexy que estaba en una parada. La mina no se podía mover de ahí, estaba esperando el bondi. Y nuestro vehículo no avanzaba a causa del tránsito. Todos los de arriba y abajo escuchaban lo que le gritaban en grupo a la gordita: "Uhhhhhh gordaaaa esas tetas hinchadasss, haceme una buenaa turca!". Y no lo pude resistir, me levanté de mi asiento hecha una furia, me dirigí afiebrada al fondo del bondi, y me paré envenenada delante del grupito, dirigiéndome hacia el que identifiqué como cabecilla del grupo, un pelirrojo con cara de pajero, el típico que se hace el cancherito con los amiguitos pero le tiene miedo a la mamá... y a la abuela. "Escuchame pendejo" le digo, "¿porque no te hacés una buena paja para bajar la calentura, así dejás de molestar a todas las mujeres que pasan?". Se quedaron callados un segundo, sin saber si debían reaccionar. El segundo cabecilla del grupo rápidamente se sacude el asombro y me contesta: "¿Por qué no me hacés vos la paja?", todos rieron, pero casi en voz baja, y se golpearon las manos en señal de felicitación por la elocuencia del capullo. El cagón del grupo intentó rescatarse: "Basta boludo, rescatense, ´tamos bardeando". El cabecilla me mira, muy seguro de sí mismo, como enfrentando al miedo, abre las piernas como para hacerme saber de la existencia de un falo del cual yo carezco y me responde, ante el silencio respetuoso de sus lamebotas: "Yo no me hago la paja, a mi ME LA HACEN". "Woooowowowowo", los nabos comenzaron a vitorear, reían a carcajadas, felicitaban al macho leader. Yo pensaba "Uhhh que loco que sos pendejo, no podés creer que tu novia te tiró la goma". Entonces le respondo: "Entonces decile que te la hagan mejor, porque transpiras leche, nene". La manada de nabos estalló en carcajadas, casi destronando al macho leader y transformando al reino al sistema matriarcal. En mi mundo, mandan las mujeres, sabelo gil. Toqué el timbre y bajé, incapaz de resistir un segundo más de brutalidad andrógena. ¡Qué retrasados que son, por dios!
Pues bien, si sos un hombre leyendo ésto y te quedó alguna duda, te digo: NO, no nos gustan los piropos, okey? Nos resultan ofensivos. Dejen de consumir esas propagandas hechas por hombres, que insinúan que la mujer se viste para pasar por la obra y lograr que le aúllen todos los monos. A mí por lo menos, no me gusta. Y a todas las mujeres inteligentes que conozco tampoco. Por ahí algún cántico bien dicho y con mucho respeto puede responderse con alguna sonrisa, no voy a negar que el cuerpo de la mujer sea muy bello y da ganas de cantarlo a veces. Pero respetando a la persona que vive en ese cuerpo y sin incomodarla.
Así que, una vez más te digo...
Mujer, a vos te hablo, que estás conquistando tu independencia económica, conquistá también tu libertad para transitar por las calles, ¡y nadie podrá detenerte!
¡¡Basta de opresión piropológica de la mujer, viva la exposición corporal libre!!
En un país del primer mundo, el piropo se interpreta como un insulto a la mujer. Y así es como yo lo interpreto. A mi me enferma que me digan piropos. Me molesta, me incomoda, me inhibe. ¿Por qué carajo tengo que estar escuchando las boludeces de los demás o preocupándome por la ropa que me pongo, por dónde camino, por si paso o no por un tunelcito de pibes? Si los tipos salen en cuero a la calle cuando tienen calor nadie les dice nada, pero, ¿que pasa si a mí se me ocurre salir en bermuda y bikini? ¡Se pudre! ¿¿Por qué?? "Porque vos sos mujer, y es tu deber adecuar tu vestimenta para evitar provocar a los hombres". ¿¿WHATS?? ¿Por qué? ¡¿¿Acaso son animales brutos y subdesarrollados, permanentemente en celo, incapaces de controlarse??! Bueno… EJEM... ya sabemos que si, pero no es nuestra culpa. Yo no me tiro encima de cualquier pendejo con lomo que pasa por la calle, y les aseguro que ganas no me faltan.
La clásica del pensamiento machista es: "Si no quiere que le digan todo eso, ¿para que sale así vestida a la calle?". ¡Qué expresión tan abrumadora de estupidez! Salgo así a la calle porque se me da la re puta gana, negro hijo de mil puta, o quizá porque tengo calor, o porque soy libre, ¿qué te parece eso? ¿Es suficiente?
Si tuviera que decidir que llega a ser más perturbador, les puedo asegurar que los ruiditos son mucho más molestos que las palabras, por más abusivas que éstas lleguen a ser. El sonidillo que logra enervarme al límite de mi paciencia es: "sssssgggggg", un sonido logrado al aspirar aire por la boca manteniendo un hilo de baba entre los labios. Ese ruidito es capaz de arruinarme un día entero. También me molesta harto el popular "ch ch ch", que cuando te das vuelta a mirar quién te llamó te encontrás con un negro con cara de pelotudo. ¿Y qué decir del popular “tunelcito”? Este es un fenómeno que logré identificar como observadora aguda de la cotidianeidad porteña. Consiste en un comportamiento que supongo será casi instintivo en la vulgar especie masculina. Obsérvenlo, caminen por la calle detrás de una mina que esté buena y van a poder identificar éste ritual 3 o 4 veces por cuadra. El kioskero y uno o dos porteros de edificios aledaños se reúnen en una esquina a hablar de fútbol. Cuando se comienza a divisar en la esquina una mina más o menos buena, paran dos segundos de hablar, y la "scanean" de arriba abajo sin asco. Cuando ya extrajeron la información suficiente, su cerebro aporta un puntaje estimativo, el cual se completará después de ver a la mina de atrás. Reanudan la conversación, pero disponiéndose lentamente en tunelcito, de a pasitos, en un gesto que intenta ser "cortés" pero cuyo único y real objetivo es que la mina pase por el medio y disponer así de la comodidad como para mirarle descaradamente el orto. Después de que la mina pasa, completan el puntaje, el cual comparten mediocremente con sus compañeros entre risitas libidinosas.
El otro día, iba caminando súper apurada llegando tarde a una reunión en la que presentábamos un trabajo de investigación en la Asociación Médica Argentina. Ya antes de salir de casa iba puteando porque tenía que ir bien vestida, de vestido, y eso significa que te tenés que bancar que te digan D-E-T-O-D-O. Y no me pienso pagar un taxi sólo porque los hombres son unos enfermos mentales, así que decidí ir en bondi con mi mejor cara de orto (onda, "jodeme y te encajo un sopapo, pedazo de imbécil") y escuchando música. No va que tengo la mala suerte de que me quedo sin batería del Ipod apenas salgo de casa. "Puta que me parió" pensé, mientras caminaba a toda velocidad hacia la parada. De golpe, sale de la nada un gordo todo sudado y altamente desagradable, me pone la caripela bien adelante de la mía y me larga un vaho caliente y con olor a cenicero en la jeta, musitando un par de palabras obscenas, al tiempo que levantaba una ceja y ponía cara de "travieso" o algo así que no logré adivinar. ¡¡AH NO!! Me despolaricé, sobretodo por que me puso la cara y el cuerpo adelante mío y no podía avanzar, ¡que odio! Entonces, sin más remedio que proceder a evacuar mi ira feminista, me paro en seco, lo miro de frente manteca y le digo: "¡¿Qué carajo te pasa, gordo imbécil?!". No se imaginan la cara que puso, fue mortal. Es como si jamás hubiera esperado una respuesta tan violenta de una mujer, como si careciéramos completamente de esa capacidad en nuestro repertorio de reacciones. JAJAJA Imbécil. Se quedó con cara de bobo asombrado como dos segundos. Lo miré con cara de desprecio, me di vuelta y seguí caminando apurada. Ahí recién reaccionó la mole, y comenzó a gritarme, ofendido profundamente en su orgullo viril: "¡¡Sos una amargada!!" gritaba impotente, "¡¡Vos debés ser una aburrida en la cama!!" seguía aullando incapaz de resolver su deseo insatisfecho. Mi ira se transformó en gracia, y después en la calma embriagadora que deriva de la ira evacuada.
No sé por que se ofenden tanto cuando les respondemos, ¿será que piensan que a nos gusta que nos anden humillando sistemáticamente por la calle? ¿Será que piensan que nos excitan? JAJAJA Primitivos y básicos seres.
Después están los que yo llamo "piropos al revés", que son expresiones de odio ante la belleza de otra persona. Recuerdo una anécdota cómica a éste respecto: volvíamos del gimnasio con mi hermana, tranquilamente charlando y riendo, cuando un ser despreciable que se cruzó con nosotras nos miró de arriba abajo, casi ofendido con la imagen que representábamos y nos escupió éstas palabras en la cara: "Caretas horribles, que gordas y feas que son, al pedo van al gimnasio". Nos miramos sorprendidas ante una demostración tan abierta de odio. Miré al espécimen tratando de identificarlo. Era un chico joven, de bermudas y remera grande, zapatillas, una patineta en la mano, y muchos piercings y tatuajes, inclusive en la cara. Yo amo los tatuajes en los hombres y en alguna otra ocasión le hubiera dicho que me gustaban pero tenía que responder agresivamente y le vomité: "Y vos, hermano, ¿te miraste al espejo? ¡Sos horrible, viejo!", e hice ademán de de señalar su cara marcada. Mi hermana explotó en una carcajada efusiva ante mi respuesta y yo la seguí, así que nos fuimos riéndonos aún más. El guacho se ofendió muchísimo, al punto que nos siguió por la calle como media cuadra insultándonos y sólo logró tentar aún más a nuestra risa. Pobre imbécil resentido.
Y ésta expresión de violencia me trae a la memoria algo que sucedió hace dos o tres meses en un colectivo de la línea 12 de la ciudad de Buenos Aires. Felizmente me subo al bondi por la calle Marcelo T. de Alvear, iba bastante vacío, no recuerdo si era la siesta o un fin de semana. En la siguiente parada de la que yo me subí, sube un grupito de homo sapiens del género masculino, de entre 19 a 21 años calculo yo, pero con una edad mental de 9 y una calentura de 15. Eran como seis, subieron gritando haciendo el barullo típico de una manada de imbéciles de esa edad. Los miré despectivamente mientras se chocaban al caminar como si estuvieran cocidos entre ellos por un hilo transparente de estupidez, riendo con cadencia down y acentuando particularmente (como si fuera algo escandaloso) palabras como "pija" o "concha", acompañando éstas palabras con la típica cara de imbecil que tiene un pendejo que la puso muy pocas veces en su vida, y que el sólo hecho de decir "tetas" le hace cosquillitas en la pija. Yo pensé "cagamos", yo que estaba tan tranquila, pero el recorrido por suerte era corto. Se acomodan escandalosamente en los asientos de atrás, y entre el griterío abren las ventanas y determinan con miradas cómplices el nuevo entretenimiento púber: gritar obscenidades a las minas que pasaban por la calle. "Ahhh buenooo rubiaaa, mi amorrr, vení tocame todoooo". "Qué ortooo que tenés por dioss, uhhhh mirá el ruidito que te hace la concha cuando camináss". Yo me broto, me remuevo en mi asiento, y miro por la ventana identificando a la rubia receptora de tales palabras. Reconocí en ella cara de vergüenza, o de humillación. Los bobos reían en grupete. La secuencia se repite con una morocha acompañada de su hija de 6 o 7 años y un bebé. "Uhhhhh morochiaaaa, que tetasss, estás dando de mamarrr, mamame a miii", observo con odio asesino la cara de impotencia de la mujer y de la nenita, que parecía no entender nada. Mi desprecio aumenta. Todo el bondi escuchaba, muchos hombres y nadie hacía nada. Que se metan con una mujer con un bebé, es algo que me supera. Pero que le digan "gorda" a una mujer, eso, eso ya es una ofensa mayor. Por eso me terminé de brotar cuando se agarraron con una gordita sexy que estaba en una parada. La mina no se podía mover de ahí, estaba esperando el bondi. Y nuestro vehículo no avanzaba a causa del tránsito. Todos los de arriba y abajo escuchaban lo que le gritaban en grupo a la gordita: "Uhhhhhh gordaaaa esas tetas hinchadasss, haceme una buenaa turca!". Y no lo pude resistir, me levanté de mi asiento hecha una furia, me dirigí afiebrada al fondo del bondi, y me paré envenenada delante del grupito, dirigiéndome hacia el que identifiqué como cabecilla del grupo, un pelirrojo con cara de pajero, el típico que se hace el cancherito con los amiguitos pero le tiene miedo a la mamá... y a la abuela. "Escuchame pendejo" le digo, "¿porque no te hacés una buena paja para bajar la calentura, así dejás de molestar a todas las mujeres que pasan?". Se quedaron callados un segundo, sin saber si debían reaccionar. El segundo cabecilla del grupo rápidamente se sacude el asombro y me contesta: "¿Por qué no me hacés vos la paja?", todos rieron, pero casi en voz baja, y se golpearon las manos en señal de felicitación por la elocuencia del capullo. El cagón del grupo intentó rescatarse: "Basta boludo, rescatense, ´tamos bardeando". El cabecilla me mira, muy seguro de sí mismo, como enfrentando al miedo, abre las piernas como para hacerme saber de la existencia de un falo del cual yo carezco y me responde, ante el silencio respetuoso de sus lamebotas: "Yo no me hago la paja, a mi ME LA HACEN". "Woooowowowowo", los nabos comenzaron a vitorear, reían a carcajadas, felicitaban al macho leader. Yo pensaba "Uhhh que loco que sos pendejo, no podés creer que tu novia te tiró la goma". Entonces le respondo: "Entonces decile que te la hagan mejor, porque transpiras leche, nene". La manada de nabos estalló en carcajadas, casi destronando al macho leader y transformando al reino al sistema matriarcal. En mi mundo, mandan las mujeres, sabelo gil. Toqué el timbre y bajé, incapaz de resistir un segundo más de brutalidad andrógena. ¡Qué retrasados que son, por dios!
Pues bien, si sos un hombre leyendo ésto y te quedó alguna duda, te digo: NO, no nos gustan los piropos, okey? Nos resultan ofensivos. Dejen de consumir esas propagandas hechas por hombres, que insinúan que la mujer se viste para pasar por la obra y lograr que le aúllen todos los monos. A mí por lo menos, no me gusta. Y a todas las mujeres inteligentes que conozco tampoco. Por ahí algún cántico bien dicho y con mucho respeto puede responderse con alguna sonrisa, no voy a negar que el cuerpo de la mujer sea muy bello y da ganas de cantarlo a veces. Pero respetando a la persona que vive en ese cuerpo y sin incomodarla.
Así que, una vez más te digo...
Mujer, a vos te hablo, que estás conquistando tu independencia económica, conquistá también tu libertad para transitar por las calles, ¡y nadie podrá detenerte!
¡¡Basta de opresión piropológica de la mujer, viva la exposición corporal libre!!
muy bueno, ami, no lo habia leido a este..odio a los obreros, y no te olvides de los que pasan en una camioneta blanca del laburo..ts ts ts!!! Grrr que asco x dios!!!
ResponderEliminarlos adolescentes son lo peor, parece que en la cara tuvieran un cartel de "pajeros". jajaj!!
Excelente... Cuanta verdad toda junta...
ResponderEliminarRealmente una sorpresa este perfil...